
Entrevista a Gabino Navarro
EPISODIO #27 Cómo hacer que la gente crezca a tu lado En esta entrevista Gabino Navarro, director General de AEVUM, nos cuenta cómo hacer que
Hay momentos en los que, al cerrar una reunión, parece que todo está claro: nadie discute, todos asienten, se anotan tareas, se fijan fechas…
Pero unos días después, las cosas no avanzan.
Y entonces te preguntas:
¿No habíamos quedado en esto?
No siempre que hay acuerdo, hay compromiso.
Muchas veces, lo que ocurre no es una verdadera decisión, sino una especie de consenso superficial, donde nadie se atreve a cuestionar, proponer algo distinto o expresar sus dudas.
¿Por qué pasa esto?
Y así nace una de las disfunciones más sutiles: La ilusión de que todos están alineados, cuando en realidad hay dudas o desacuerdos que nadie se atreve a nombrar.
El resultado: decisiones que no se sostienen, tareas que no se cumplen, frustración que se acumula y…
¡Falta de compromiso!
El compromiso no es simplemente decir “sí”.
Tampoco es cumplir con lo mínimo para salir del paso.
El compromiso verdadero nace de la conversación auténtica y del sentido de pertenencia.
Muchas veces se confunde el asentimiento con el compromiso:
personas que asienten en las reuniones, que no cuestionan, que no generan conflicto… pero que tampoco se involucran de verdad.
Y entonces, aunque aparentemente “todo está claro”, las personas cumplen por obligación, pero no se implican con el propósito ni con los resultados.
A veces parece que todo marcha bien: las reuniones fluyen, se asignan tareas, se toman decisiones…
Pero debajo de esa superficie puede haber una falta de compromiso real que sabotea el avance del equipo.
Estas son algunas señales sutiles, pero a su vez muy reveladoras, de que el compromiso puede estar ausente en el equipo:
Nadie cuestiona las decisiones, aunque no estén del todo de acuerdo.
Hay una aceptación pasiva. Las personas asienten, pero no porque estén convencidas, sino porque prefieren evitar el conflicto o ya se han resignado a que “da igual lo que digan”.
Hay tareas asignadas que nadie sigue.
Se acuerdan cosas, pero no hay seguimiento ni sentido de responsabilidad. Todo queda en la lista, pero no en la acción.
Se necesita “perseguir” constantemente a las personas para que hagan lo que se supone que ya estaba claro.
El compromiso verdadero no necesita recordatorios constantes. Si hay que insistir una y otra vez, probablemente la persona no se siente parte real de la decisión.
La motivación se va apagando, poco a poco.
Sin implicación emocional, sin conexión con el propósito, el equipo cae en la rutina, el desinterés y el “cumplo porque tengo que hacerlo”.
Estas señales no indican falta de capacidad, sino falta de conexión.
Y si lo detectas en tu equipo, estás a tiempo de reconstruir el compromiso desde la raíz.
Pero…¿Cómo se hace?
La respuesta no está en imponer ni en exigir. El compromiso auténtico no nace del deber, sino del deseo y el propósito compartido.
Detrás de cada persona verdaderamente comprometida hay algo más profundo que la obligación: hay participación activa, conexión y claridad.
El compromiso auténtico se da cuando alguien entiende lo que se espera, siente que su presencia importa y ha elegido estar ahí.
Te comparto 5 ideas clave sobre cómo generar compromiso real en tu equipo.
Cuando las personas participan activamente en una decisión, es más probable que se comprometan con su ejecución.
Así que, invita a todos los miembros del equipo a opinar, cuestionar, aportar para que se sientan parte de la decisión, no solo receptores de instrucciones.
También puedes hacer preguntas explícitas como:
Esto los involucra activamente y además te ayuda a tener más puntos de vista a contemplar.
Para evitar la trampa del asentimiento superficial, antes de cerrar un acuerdo, haz una breve validación colectiva:
Crear espacio para que alguien diga “no estoy convencido” es lo que, paradójicamente, refuerza el sí de los demás.
Que todos sepan exactamente qué se decidió, quién hace qué, para cuándo y por qué. Aunque tengas que repetirlos varias veces.
Además, plasma todo en un documento o tablero común que sea accesible para todos.
Por cada decisión tomada te animo a determinar:
Alinear expectativas es lo que mantiene vivo en compromiso.
Por lo tanto, en cada reunión o revisión de avances, dedicar un momento a mirar los acuerdos todos juntos: Qué se cumplió, qué se está retrasando y qué necesita un reajuste.
Esto no es para controlar, sino para cultivar un sentido de responsabilidad compartida. Puedes expresarlo de esta manera si ves la necesidad de hacerlo.
El compromiso no solo nace de las tareas o de los acuerdos…
También nace del vínculo emocional con el grupo, del sentimiento de pertenecer y aportar desde lo genuino.
Por eso es importante que cada persona sienta que su presencia importa y que ha elegido formar parte del equipo, no solo que “le tocó estar ahí”.
Cuando una persona recuerda por qué eligió estar, se compromete desde otro lugar: no por obligación, sino por conexión.
Para ello, puedes facilitar espacios donde cada persona pueda reconectar con el sentido de su participación.
Por ejemplo, puedes hacer esta reflexión de forma individual (journaling), en círculos de palabra o como ejercicio breve al inicio de reuniones importantes con preguntas como:
Te comparto dos dinámicas en las que te puedes inspirar para crear ese espacio donde cultivar la pertenencia.
El objetivo de esta dinámica es reforzar el sentido de pertenencia y reconectar con el propósito personal y colectivo.
Duración aproximada: 20–30 minutos (según el tamaño del grupo)
Cuándo usarla:
Pasos a seguir para esta dinámica:
1 – Prepara el contexto explicando con naturalidad que a veces vamos tan rápido que olvidamos por qué estamos aquí o qué nos conecta con el equipo y que quieres que os regaléis un momento para conectar con ello.
2 – Lanza una pregunta sencilla pero poderosa y deja espacio para que piensen en silencio o anoten lo que quieran. Puedes inspirarte en algunas de estas preguntas:
3 – Ronda de palabra (opcional) para que quien quiera lo comparta en voz alta. Si el grupo es muy grande, puedes hacerlo en parejas o pequeños grupos.
4 – Te recomiendo hacer un cierre que motive al equipo a centrarse no solo en las tareas y el resultado, sino en ese para qué y propósito común y compartido por el cual estáis todos ahí.
Puedes repetir esta dinámica de forma cíclica (mensual o trimestral), variando las preguntas. Lo importante es que se mantenga el espacio donde las personas puedan sentir que pertenecen y que tienen un lugar real en el equipo.
Objetivo: Reforzar la conexión emocional con el equipo a través de una palabra significativa, generando conciencia de pertenencia en muy poco tiempo.
Duración: 5–10 minutos
Cuándo usarla:
Pasos a seguir para esta dinámica:
1 – Pide a cada persona que diga una palabra (o una frase muy breve) que represente lo que el equipo significa para cada uno/a, sin que haya respuestas correctas o incorrectas. Por ejemplo: Aprendizaje, apoyo, confianza, propósito, reto, tribu, etc.
2 – Haz un cierre breve como agradecimiento que motive al equipo a seguir adelante. Si quieres, puedes ir anotando esas palabras en una pizarra o mural compartido para ver visualmente el impacto del grupo.
3 – Puedes repetir esta dinámica periódicamente y variar la pregunta según el momento del equipo, además de ese qué significa el equipo para ti en una palabra, puedes hacer otras preguntas como por ejemplo:
Quizás no hay falta de ganas, ni de talento o de organización.
Lo que puede estar faltando es participación auténtica y acuerdos verdaderamente compartidos.
Y eso empieza por crear espacios donde cada persona pueda expresar lo que piensa, cuestionar lo que no entiende y sentirse parte de lo que se construye.
Me encantará saber tu experiencia si aplicas estas ideas. Puedes dejar un comentario más abajo.
Gracias por leerme líder.
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