Potencia el rendimiento
de tu equipo

Crea una cultura de ganar-ganar

Tabla de contenidos

En los últimos artículos hemos ido construyendo una idea que, personalmente, creo que puede transformar la forma en la que lideramos.

Descubrimos por qué nos cuesta colaborar, comprendiendo la mentalidad de suma cero y cómo nos hace interpretar el éxito como un recurso limitado. 

Si quieres saber más lee mi artículo: Mentalidad de suma cero vs suma positiva

Comprendimos la diferencia entre el juego finito y el juego infinito, entendiendo que los equipos, las organizaciones y el liderazgo no son carreras que se ganan una vez. Son algo que se sostiene y crece en el tiempo.

Pues liderar no consiste solo en alcanzar metas, sino en construir organizaciones capaces de seguir creciendo. 

Si quieres saber más lee mi artículo: Liderar con mentalidad de juego infinito

Descubrimos el verdadero significado de ganar y perder, y cómo los cambios culturales han condicionado nuestra manera de trabajar, liderar y relacionarnos. 

Porque en realidad ganar no siempre implica vencer y que perder no siempre significa fracasar. 

Si quieres saber más lee mi artículo: ¿Qué significa realmente ganar? 

Y ahora llega la parte más importante: ¿Cómo aplicamos todo esto?

Porque comprender una idea está bien pero eso no garantiza que se convierta en una realidad.

Pero, ¿Cómo puedo lograr yo que todos aprendamos de todos y que el éxito de una persona fortalezca al resto del equipo en lugar de amenazarlo?

Con la cultura.

En este artículo quiero compartir contigo 7 acciones muy prácticas para empezar a construir una auténtica cultura de ganar-ganar.

¿Empezamos?

¿Qué es una cultura de ganar-ganar?

Una cultura de ganar-ganar no significa eliminar la competencia ni que todo el mundo consiga siempre lo que quiere.

Significa construir un entorno donde el éxito individual contribuya al éxito colectivo, en lugar de ponerlo en peligro.

Es una cultura donde compartir conocimiento no resta valor, sino que lo multiplica.

Donde reconocer el talento de otros no disminuye el propio.

Y donde el crecimiento de una persona fortalece al equipo entero.

En definitiva, es una cultura donde las personas dejan de preguntarse «¿Cómo puedo ganar yo?» para empezar a preguntarse «¿Cómo podemos ganar todos?»

Y la buena noticia es que tú también puedes construir esta cultura. 

¿Te gustaría?

Veamos cómo empezar a hacerlo.

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Crea una cultura de ganar-ganar

Una cultura de ganar-ganar no aparece de la noche a la mañana ni por cambiar una única cosa.

Se construye cada día, a través de pequeños comportamientos que, repetidos en el tiempo, terminan definiendo la forma en la que un equipo piensa, decide y actúa.

Se refleja en detalles como la forma en la que se reconocen los logros, cómo se habla del equipo, cómo se comparte el conocimiento o cómo se reparte el mérito.

En definitiva, consiste en pasar del «yo destaco» al «crecemos juntos».

Precisamente por eso era tan importante comprender las ideas de los tres artículos anteriores.

Porque antes de cambiar los comportamientos, necesitamos cambiar la forma de entender el éxito, el liderazgo y la colaboración.

Ahora sí. Construyamos esa cultura.

Ahora que tenemos esa base, aquí van 6 ideas concretas para empezar a cultivar esa cultura en tu equipo y organización.

CLAVE 1 - Reemplaza la competencia interna por la colaboración

En lugar de competir entre compañeros por reconocimiento, proyectos o visibilidad, prop´n colaboraciones para que el equipo sea quien marque la diferencia.

Crea espacios donde las personas puedan compartir sus avances, errores, aprendizajes o dinámicas que han funcionado. 

No se trata solo de intercambiar información. Se trata de pasar del aprendizaje individual al colectivo.

Una forma muy práctica de hacerlo son las Cross Learning Meetings, reuniones breves donde cada persona comparte algo que ha aprendido y que puede ayudar al resto del equipo.

Te hablo de ellas con más detalle en este artículo, donde encontrarás varias ideas para ponerlas en práctica desde la próxima semana.

Una forma muy práctica de hacerlo son las Cross Learning Meetings, reuniones breves donde cada persona comparte algo que ha aprendido y que puede ayudar al resto del equipo.

Te hablo de ellas con más detalle en este artículo, donde encontrarás varias ideas para ponerlas en práctica desde la próxima semana.

CLAVE 2 - Reconoce públicamente los logros ajenos

Rompe la lógica del «yo gano, tú pierdes».

Cuando el reconocimiento se concentra siempre en las mismas personas, el resto aprende que competir da más resultados que colaborar.

En cambio, cuando un líder reconoce las contribuciones de los demás, envía un mensaje muy diferente:

Aquí compartir, ayudar y hacer crecer al equipo también tiene valor.

El reconocimiento compartido multiplica la motivación y refuerza la idea de que cuando uno gana, todos ganan.

Una forma muy sencilla de empezar es dedicar un par de minutos en cada reunión semanal para destacar una contribución de otro compañero, de otro equipo o incluso de otra área.

Y hay una regla que puede marcar la diferencia: reconoce el comportamiento, no solo el resultado.

No felicites únicamente a quien ha conseguido el objetivo.

Reconoce también a quien ha ayudado a otro, ha compartido un aprendizaje, ha tendido la mano en un momento difícil o ha contribuido a que el equipo funcionara mejor.

Celebrar los éxitos de los demás como si fueran propios no siempre resulta fácil, pero pruébalo.

CLAVE 3 - Mide el éxito por contribución, no solo por resultados

¿Qué estás premiando realmente?

Porque no es lo mismo reconocer a quien consigue más ventas que a quien, además de vender, ayuda a que el resto del equipo también mejore.

Ya vimos en los otros artículos que tendemos a orientar nuestro comportamiento hacia aquello que se mide, porque nos resulta más sencillo. 

Pero si mides la contribución al equipo, el aprendizaje compartido o el impacto que cada persona genera en los demás, empezarás a construir una cultura muy diferente.

Por eso te propongo que trates de pasar de preguntarte: “¿Qué has conseguido?» y te preguntes también: «¿Qué has hecho para que los demás también puedan conseguirlo?»

Una forma práctica de empezar es incorporar indicadores que valoren la colaboración, el desarrollo de otros, la transferencia de conocimiento o la contribución al propósito común.

Si quieres profundizar en esta idea, en este artículo comparto 5 KPI’s que pueden ayudarte a medir aquello que realmente fortalece a un equipo extraordinario. 

5 KPI’s poderosos para equipos extraordinarios

CLAVE 4 - Adopta una mentalidad de aprendizaje continuo

En un juego infinito, nadie puede decir: «Ya he llegado.»

Todos seguimos aprendiendo y evolucionando.

Por eso, una de las mejores formas de construir una cultura de ganar-ganar es convertir el aprendizaje en un hábito compartido.

No hace falta organizar grandes programas de formación.

Basta con crear pequeños espacios donde aprender forme parte del trabajo cotidiano: una píldora de aprendizaje al comenzar una reunión, sesiones de mentoring, feedback entre compañeros o momentos para compartir buenas prácticas.

Cuando un equipo aprende junto, deja de competir por demostrar quién sabe más y empieza a preguntarse:

«¿Qué podemos aprender hoy para juntos ser mejores mañana?»

Y hay otro aspecto que no deberíamos pasar por alto: la forma en la que damos feedback, porque puede marcar la diferencia entre un equipo motivado y comprometido, o uno que se siente desvalorizado y desconectado.

Por eso, si quieres profundizar en estas dos ideas, te recomiendo estos artículos:

Mentalidad de juego infinito, donde explico por qué los equipos extraordinarios nunca dejan de aprender.

Domina la tabla del 5 en tu comunicación, donde comparto una forma muy práctica de convertir el feedback en una herramienta de desarrollo, en lugar de una fuente de desmotivación.

CLAVE 5 - Evita comportamientos que refuercen la rivalidad

Te comparto algunas acciones que te recomiendo revisar y si es necesario reenfocar o evitar: 

  • •  Felicitar solo a los que más destacan: reconoce también el esfuerzo colectivo y los avances del grupo.
  • •  Premiar al «héroe» que resuelve la crisis en el último momento, en lugar del equipo que trabajó tan bien que la crisis nunca llegó a producirse. 
  • •  Dar siempre los proyectos más interesantes a las mismas personas, limitando las oportunidades de crecimiento del resto. 
  • •  Fomentar rankings individuales cuando el objetivo depende del trabajo conjunto.
  • •  Hacer comparaciones constantes entre personas o equipos («aprended de ellos», «¿por qué no sois como…?» “el equipo A sí lo consiguió, el B no…”).
  • •  Permitir que algunos acaparen el protagonismo en reuniones o presentaciones mientras otros quedan invisibles.
  • •  Reconocer únicamente a quien habla más o tiene más visibilidad, dejando fuera a quienes aportan desde otro lugar.

CLAVE 6 - Haz visible la interdependencia

Uno de los mayores errores de muchas organizaciones es hacer creer que los resultados pertenecen a personas individuales.

Pero detrás de cada éxito hay decenas de contribuciones invisibles.

Cuando un líder hace visibles esas contribuciones, el equipo deja de pensar en héroes individuales y empieza a valorar la fuerza del sistema.

Porque nadie gana solo. 

Entonces, cambia el enfoque de: «¿Quién ha ganado?» a «¿Quién ha hecho posible que ganáramos?»

Destaca la importancia de que cualquier acción (compartir una información, enseñar algo, apoyar, desbloquear un problema) ha contribuido al logo del equipo.

CLAVE 7 - Lidera desde el propósito, no desde el resultado inmediato

Los resultados son importantes.

Pero el propósito es lo que hace que las personas quieran seguir dando lo mejor de sí mismas incluso cuando los resultados tardan en llegar.

Un equipo que solo conoce el qué acaba trabajando por objetivos.

Un equipo que comprende el para qué trabaja con sentido.

Por eso, como líder, ayuda a tu equipo a conectar cada tarea, cada proyecto y cada objetivo con un propósito mayor.

No basta con decir qué hay que hacer.

Explica por qué es importante hacerlo y a quién beneficia.

Cuando las personas entienden el impacto de su trabajo, dejan de competir únicamente por alcanzar un número y empiezan a colaborar para contribuir a algo que merece la pena.

Porque, al final, una cultura de ganar-ganar no nace de compartir objetivos.

Nace de compartir un propósito.

Si quieres profundizar en esta idea lee mi artículo «Crea un propósito que mueva el mundo», donde comparto varias claves para ayudar a tu equipo a comprender la importancia de lo que hace cada día.

La clave que lo cambia todo

Hay una última acción imprescindible que debes tener en cuenta. 

Sin ella, todo lo demás es bastante difícil que se sostenga en el tiempo. 

La clave es la siguiente: 

Diseña el sistema, no solo el comportamiento

La cultura no cambia porque las personas quieran colaborar.

Cambia cuando el sistema hace que colaborar sea la opción más natural.

Si los incentivos premian únicamente el rendimiento individual, tarde o temprano aparecerá la competencia interna.

Si, por el contrario, el sistema reconoce también la ayuda, el aprendizaje compartido y la contribución al equipo, la colaboración deja de depender de la buena voluntad y pasa a formar parte de la cultura.

Antes de pedir a las personas que colaboren, pregúntate:

  • •  ¿Qué estamos premiando?
  • •  ¿Qué comportamientos estamos reforzando?
  • •  ¿Qué comportamientos estamos tolerando?

Porque, al final, las personas hacen aquello que el sistema recompensa.

Y las culturas extraordinarias no aparecen por casualidad. 

Se diseñan día a día con cada acción y decisión. 

En definitiva

Si creemos que el éxito es un recurso limitado, competiremos entre nosotros.

Si creemos que el objetivo es simplemente ganar, terminaremos sacrificando aquello que nos permite seguir creciendo.

Pero cuando entendemos que el verdadero éxito consiste en hacer crecer también a quienes nos rodean, dejamos de construir equipos donde las personas luchan por destacar.

Esa es la verdadera cultura del ganar-ganar

No elimines la competencia, llévala hacia un objetivo compartido.

No busques héroes individuales, crea un sistema donde cualquiera pueda aportar, aprender y crecer.

Al final, los equipos extraordinarios se distinguen porque, cuando una persona crece, hace crecer también a las demás.

Y quizá este sea el resumen que responde a todas las preguntas que hemos visto las última semanas: 

No consiste en ganar más que otros. Consiste en conseguir que cada vez ganemos más juntos.

Gracias por acompañarme durante esta serie de artículos.

Espero que estas ideas te inspiren a mirar tu equipo con otros ojos y, sobre todo, a dar ese pequeño paso que haga que mañana sea un lugar un poco más colaborativo que hoy.

Porque en esa victoria, nadie pierde.

¡Provoca un extraordinario día!

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