
Entrevista a Gabino Navarro
EPISODIO #27 Cómo hacer que la gente crezca a tu lado En esta entrevista Gabino Navarro, director General de AEVUM, nos cuenta cómo hacer que
Muchos equipos tienen objetivos pero no todos tienen un propósito claro.
Un objetivo responde a la pregunta:
¿Qué tenemos que lograr?
El propósito responde a una pregunta mucho más poderosa:
¿Por qué importa lo que estamos haciendo?
Cuando un equipo entiende por qué su trabajo importa, se implica más y avanza con mucha más fuerza y dirección.
Porque las personas no trabajan únicamente para cumplir con una tarea o alcanzar un objetivo.
Trabajan porque saben para qué lo están haciendo.
Y eso marca totalmente la diferencia y la energía del equipo.
Por eso hoy quiero compartirte cómo puedes crear un propósito que mueva el mundo.
Pero antes, quiero diferenciar bien entre 3 niveles que siempre están presentes en el trabajo en equipo: las tareas, los objetivos y el propósito.
Estos 3 niveles (tareas, objetivos y propósito) siempre están presentes en el trabajo en equipo. Y, aunque están relacionados, no significan lo mismo.
Y cuando se confunden, el rendimiento del equipo se resiente.
| Tareas | Lo que hago cada día | La actividad |
| Objetivo | Lo que el equipo debe conseguir | El resultado |
| Propósito | Por qué eso importa | El significado |
Las tareas: el nivel de la actividad
Las tareas son las acciones concretas que realizáis cada día, es decir, el nivel más operativo del trabajo: Preparar una propuesta, responder correos, analizar datos, atender a un cliente, etc.
Son necesarias, por supuesto, y hacen que el trabajo avance pero no es el objetivo en sí, ni mucho menos el propósito.
Por eso, si un equipo se queda únicamente en este nivel, el nivel operativo, el foco está únicamente en hacer cosas.
Y cuando el trabajo se reduce solo a tareas y a “hacer cosas”, el equipo está muy ocupado pero no sienten que están avanzando hacia algo significativo.
Los objetivos: el nivel del resultado
Los objetivos introducen una capa más estratégica.
Aquí ya no hablamos solo es la actividad, son los resultados que el equipo quiere conseguir.
Por ejemplo: aumentar las ventas un 10%, lanzar un nuevo producto, mejorar la eficiencia de un proceso, etc.
Los objetivos ayudan a dar dirección al trabajo, pero a veces, incluso teniendo los objetivos claros, aparece otro problema muy habitual.
Las personas saben qué hay que lograr, pero no siempre saben por qué ese logro es importante.
Y cuando esa conexión falta, los objetivos son simplemente metas por cumplir y, de nuevo, no se siente que lo que hacemos tenga un significado más allá.
El propósito: el nivel del significado
El nivel que realmente transforma la manera en que un equipo trabaja es el propósito.
No se trata solo del resultado que queremos lograr como equipo.
Es algo que va mucho más allá.
Es el impacto que ese resultado tiene en otras personas, en la organización o incluso en la sociedad.
Por ejemplo, Nike no solo vende zapatillas, su propósito es ayudar a las personas a superarse físicamente y a creer en su capacidad de mejorar. Por eso, se enfocan en llevar inspiración e innovación a cada atleta del mundo.
Entonces, todas las empresas, no solo venden un producto o un servicio, ayudan a las personas a resolver un problema importante en sus vidas.
Y cuando el equipo conecta con ese significado, las tareas dejan de ser solo tareas; los objetivos dejan de ser solo números; y el día a día empieza a verse como una contribución al mundo.
Cómo cambia la perspectiva, ¿Verdad?
Tú como líder tienes un papel crucial para iniciar y guiar la construcción del propósito. Sin alguien que lo impulse, muchas veces se queda en ideas vagas o frases bonitas en un PowerPoint.
Pero el líder no puede imponerlo.
El verdadero propósito cobra fuerza cuando el equipo lo hace suyo.
Si tu equipo participa en conversaciones sobre por qué hacéis lo que hacéis, el propósito se convierte en un compromiso real y en un guía de acción diaria.
Tú como líder siembras la semilla.
Lanzas la propuesta inicial, ayudas a definir la intención, los valores que guían al equipo y la visión a largo plazo.
Después, el equipo hace crecer la planta, sintiendo su contribución y haciendo soyo ese propósito compartido.
Así es cómo el propósito vive en la mente y corazón de todos, no solo en la pared de la oficina.
El propósito responde a una pregunta profunda como:
¿Por qué importa lo que estamos haciendo?
Pero hay otras preguntas igual de poderosas que ayudan a un equipo a ir más allá de las tareas y los objetivos.
Preguntas que pueden ayudarte a conectar con el impacto real de vuestro trabajo. Por ejemplo:
Estas son las preguntas que yo me haría para construir un propósito que no solo describa lo que hacemos hoy, sino lo que queremos aportar al mundo.
Y si de verdad te interesa hacerlo, te dejo el paso a paso para crear un propósito que mueva el mundo.
Empezar por el problema que os importa resolver.
Los propósitos más poderosos no nacen del producto, nacen del problema que la empresa quiere ayudar a resolver.
Por eso la primera pregunta no es: “¿Qué vendemos?”
La pregunta es:
Cuando una empresa identifica bien ese problema, el propósito empieza a tomar forma.
Porque el propósito siempre está conectado con algo que merece la pena mejorar.
El propósito no puede ser algo abstracto. Debe ser
Cuanto más claro esté a quién ayudáis, más concreto y creíble será el propósito.
Podéis haceros estas preguntas:
¿Qué tipo de personas queremos apoyar o impulsar?
Aquí está el corazón del propósito.
No basta con resolver un problema, el propósito describe el cambio positivo que queréis provocar.
¿Cuál es ese cambio?
Es decir, qué transformación real provocáis en las personas.
Aquí las preguntas clave que podéis haceros son:
¿Qué consiguen gracias a nosotros que antes era difícil o imposible?
Cuando el propósito conecta con algo más grande que la empresa, se vuelve mucho más movilizador.
Por eso, los propósitos que realmente inspiran suelen mirar más allá del negocio en sí.
Preguntas útiles aquí:
¿Qué nos haría sentir orgullosos dentro de 10 años?
Y ahora… ¿Qué hacemos con todo esto?
Convertirlo en una frase simple y clara.
Un buen propósito debe ser fácil de entender y recordar. Y además, debe hablar del impacto que generáis desde lo humano.
Así que te propongo esta estructura sencilla que suele funcionar muy bien:
Ayudamos a [personas o empresas] a [resolver problema importante] para que puedan [lograr un cambio positivo].
Por ejemplo:
El propósito no sirve de nada si el equipo no se reconoce en él.
Antes de definir el propósito definitivo, te animo a que hagas una prueba. Pregunta a los miembros del equipo, uno por uno:
¿Cómo contribuye tu trabajo a este propósito?
Si cada persona puede ver claramente su papel, el propósito empieza a cobrar vida.
Si no, seguirá siendo solo una frase.
Y ese no es el objetivo.
Un propósito no cambia nada si no se traduce en decisiones concretas:
Por lo tanto, el último paso es conectar el propósito con el trabajo diario.
¿Cómo?
Aquí te dejo 4 ideas muy potentes:
Decidir qué proyectos tienen más sentido y qué actividades o iniciativas debéis priorizar, según vuestro propósito.
Conectar cada rol con el propósito, para que cada miembro del equipo tenga clara su contribución y se sienta parte de algo más grande. Cuando alguien ve que su rol tiene impacto en el propósito, se motiva más. Quizá sea necesario rediseñar algunos roles o tareas para que estén más alineados con el propósito.
Llevar el propósito a las conversaciones del día a día con el equipo (cuando habléis de resultados, cuando evalueis decisiones importantes, cuando celebréis los logros, etc.)
Reconocer los comportamientos que refuerzan ese propósito para que no sea una idea abstracta, sino que se convierta en una forma concreta de trabajar.
El último paso es el más importante, porque un propósito no sirve de nada si se queda en el papel.
Como cualquier semilla, el propósito solo crece si se riega constantemente.
No basta con definirlo.
Hay que vivirlo, sentirlo y alimentarlo todos los días: en las reuniones, en los proyectos, en las celebraciones y en la forma en que cada persona ve su contribución.
¡Así será como realmente movilice al equipo!
En muchas empresas el propósito sí existe.
Se ha definido en algún momento, se ha trabajado en una sesión estratégica, incluso se ha formulado con palabras inspiradoras.
Ahí el problema no suele ser que falte, el problema es dónde vive ese propósito.
A veces el propósito se queda en el PowerPoint para la presentaciones, en la página web corporativa o pintado en el pasillo de la entrada a la oficina.
Pero no está realmente en la mente del equipo.
Una vez definido ese propósito, vuestra misión (especialmente la tuya como líder) es mantenerlo vivo.
¿Cómo?
Revísalo periódicamente
Cada trimestre o cada semestre, dedica unos minutos en una reunión para reflexionar:
Cuéntalo y muéstralo a diario
Que aparezca en conversaciones reales, no solo en el PowerPoint: reuniones, decisiones de proyecto, feedback, celebraciones.
Comparte con el equipo historias concretas de su impacto, y que ellos compartan también cómo lo están viviendo.
Haz que todos sientan que su trabajo tiene un verdadero impacto.
Permite que evolucione
El mundo cambia, los clientes cambian y el equipo también.
Y el propósito, que está vivo como hemos dicho, siempre debes estar conectado con lo que realmente importa.
Por lo tanto, puede ajustarse para que siga siendo relevante y motivador.
El propósito no es un lema bonito, es la fuerza que impulsa a tu equipo a construir algo grande.
Y cuanto antes empieces a vivirlo, antes verás cómo cambia la manera de trabajar y de crecer juntos.
No lo dejes en la pared ni en el PowerPoint: haz que el propósito mueva al equipo todos los días.
Porque así, moverá el mundo.
Gracias por leerme líder. Si te apetece, deja un comentario más abajo y dime qué te han parecido las ideas.
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1 comentario en «Crea un propósito que mueva el mundo»
Gracias infinitas Rubén por cada mail, por tus conocimientos, toda la informacion que compartis, cada palabra. Tu pasión por esta profesión es más que inspiradora. Me encantó el artículo.