
Entrevista a Gabino Navarro
EPISODIO #27 Cómo hacer que la gente crezca a tu lado En esta entrevista Gabino Navarro, director General de AEVUM, nos cuenta cómo hacer que
Los equipos extraordinarios no se construyen cuando cada persona intenta demostrar lo buena que es, sino cuando cada uno se pregunta:
“¿Cómo puedo contribuir al éxito de los demás?”
Eso es ponerse verdaderamente al servicio del equipo y de la meta.
Cada miembro puede ser brillante, creativo y capaz, pero si cada uno actúa solo pensando en su propio éxito, el resultado colectivo se diluye.
El servicio al equipo no significa renunciar a la iniciativa ni a la responsabilidad individual.
Es un cambio de foco: de “¿Qué puedo conseguir yo?” a “¿Qué puedo aportar para que todos avancemos?”
Cuando los talentos se complementan y se ponen al servicio del equipo, se convierten en una fuerza que multiplica el resultado colectivo.
¿Quieres empezar a poner el talento individual al servicio de los demás?
Descubre 5 señales para detectar si tu equipo compite o colabora.
En muchas organizaciones y equipos existe una creencia muy extendida: si reúnes a las personas más brillantes, tendrás los mejores resultados.
Pero, para mí la realidad es otra.
Creo que los equipos de alto rendimiento no se construyen con las estrellas más brillantes, se construyen con talentos que se ponen al servicio del resultado colectivo.
Porque…
¿De qué sirve reunir las estrellas más brillantes si ninguna está dispuesta a iluminar a las demás?
Cuando el talento compite, el equipo se fragmenta y pierde.
Un equipo se vuelve extraordinario cuando cada persona pone su talento al servicio del equipo y de la meta.
No es solo talento individual.
Lo que los hace verdaderamente extraordinarios es que esos talentos se complementen y colaboren para avanzar en la misma dirección.
Muchas organizaciones contratan “estrellas” esperando resultados extraordinarios.
Pero lo que realmente genera rendimiento no es el brillo individual.
Es la combinación de dos elementos:
Complementariedad + cooperación
Los grandes equipos funcionan como un sistema donde cada persona aporta algo distinto:
Cuando estas piezas encajan y se alinean, aparece algo mucho más poderoso que el talento individual: la inteligencia colectiva.
Imagina, que en una orquesta, cada músico dejará a un lado la partitura y se enfocase en intentar destacar por encima de los demás.
¿Cómo crees que sonaría?
Ufff… me pitan los oídos solo de pensarlo.
Y puede que los músicos sean extraordinarios, pero el resultado no sería música, sería RUIDO.
El ego no es necesariamente algo negativo.
De hecho, detrás del ego suele haber ambición, orgullo profesional, ganas de destacar o de hacer bien el trabajo.
El problema aparece cuando ese ego deja de estar alineado con el objetivo del equipo y empieza a buscar principalmente el reconocimiento individual.
En ese momento cambian las prioridades.
Las personas empiezan a preguntarse más:
¿Cómo quedo yo en este proyecto? que …. ¿Cómo hacemos que el equipo tenga éxito?
Y ese cambio de foco tiene consecuencias enormes.
El talento sigue estando ahí, claro.
Pero ya no suma.
Porque cuando cada persona intenta brillar por separado, el equipo pierde potencia.
En cambio, cuando el talento se pone al servicio del conjunto ocurre algo diferente.
Las personas siguen teniendo ambición, pero la enfocan hacia otra pregunta:
¿Qué necesita el equipo para lograr el mejor resultado posible?
Entonces el talento deja de competir y empieza a multiplicarse.
| Egos desalineados | Talento al servicio |
|---|---|
| Las personas quieren tener razón, más que encontrar la mejor solución. | Las personas buscan la mejor solución, no demostrar que tienen razón. |
| Se compite por protagonismo y reconocimiento. | El foco está en lograr el objetivo común, no en destacar individualmente. |
| La información se guarda porque compartirla supone perder ventaja. | Los miembros del equipo comparten información de forma natural. |
| Aparecen silos entre departamentos o entre personas. | Cada persona utiliza sus fortalezas para complementar a las de los demás. |
| Las reuniones se convierten en discusiones para imponer ideas. | Las reuniones se centran en resolver problemas y tomar decisiones. |
| Las personas evitan pedir ayuda para no parecer débiles. | Pedir ayuda se ve como una forma de avanzar más rápido, no como debilidad. |
| El éxito se mide en logros individuales. | Se reconoce y se celebra la colaboración entre compañeros. |
| Se repiten trabajos porque nadie coordina ni comparte lo que hace. | El conocimiento circula dentro del equipo y todos aprenden más rápido. |
| Gran parte de la energía del equipo se gasta en defender posiciones. | La energía del equipo se dirige a construir soluciones juntos. |
Hay indicadores muy claros de que el talento está compitiendo en lugar de colaborar.
No siempre son conflictos abiertos.
A veces son comportamientos sutiles que, poco a poco, erosionan el rendimiento del grupo.
Estas 5 señales pueden ayudarte a detectar si el talento no está al servicio del equipo.
Mantente alerta si…
Cada uno se centra exclusivamente en su parte del trabajo y las conversaciones se limitan a lo estrictamente necesario.
Frases típicas en estos contextos:
Cuando esto ocurre, el equipo deja de funcionar como un sistema y pasa a ser un conjunto de individuos trabajando en paralelo.
TIP PRÁCTICO: Si detectas esto en tu equipo, prueba a introducir el rol del compañero/a de proyecto.
Esto significa que, aunque una persona sea responsable de una tarea o proyecto, siempre hay otra persona del equipo involucrada de alguna forma. Aunque sea para revisar, aportar una mirada diferente o dar apoyo.
Este pequeño ajuste hace que el equipo deje de funcionar como islas de trabajo.
Dos personas, o incluso dos departamentos, trabajan en lo mismo sin saberlo.
Esto no suele ser un problema de capacidad, sino de falta de coordinación y confianza para compartir lo que se está haciendo.
Como se crean informes similares, se repiten análisis o se desarrollan soluciones que en realidad ya existe, el resultado es:
Más esfuerzo, menos impacto.
TIP PRÁCTICO: Si detectas esto en tu equipo, introduce un espacio en la reunión semanal para dar visibilidad a todos los proyectos en curso.
Así podréis detectar rápidamente si alguien está haciendo algo similar o si ya existe una solución en el equipo.
En lugar de cooperar para lograr un resultado común, las personas o áreas compiten por reconocimiento, recursos o protagonismo.
Entonces, la energía deja de invertirse en avanzar y se invierte en defender posiciones.
Lo detectas rápidamente si percibes estos comportamientos
TIP PRÁCTICO: Si detectas competencia entre áreas o personas, empieza a reconocer públicamente la colaboración entre compañeros, no solo los logros individuales.
Las personas guardan información clave, contactos o aprendizajes porque sienten que compartirlos les hace perder valor.
Es decir, el conocimiento se convierte en poder personal.
Y cuando la información se bloquea, el equipo se vuelve más lento, más dependiente y menos inteligente colectivamente.
TIP PRÁCTICO: Si la información no fluye, reserva unos minutos en las reuniones para que alguien comparta un aprendizaje o algo que haya descubierto en un proyecto o con un cliente.
En estos equipos, cada persona o área tiene un territorio que defiende.
Las conversaciones giran alrededor de quién tiene el control y aparecen frases como:
TIP PRÁCTICO: Si detectas que cada área defiende su espacio, cambia la conversación con una pregunta simple que ayudará a desplazar el foco del control hacia el objetivo común: “¿Qué es lo mejor para el resultado, más allá de a quién pertenece este tema?”
Quizá te estés preguntando qué podrías hacer para que el servicio a los demás deje de ser un valor que aparece en una presentación y se convierta en un comportamiento cotidiano dentro de tu equipo.
La respuesta es simple: Preguntas.
Grandes preguntas para grandes equipos.
Los grandes equipos no solo preguntan: “¿Qué tenemos que hacer?”
También preguntan cada semana: “¿A quién puedo ayudar para que lo logremos juntos?”
Los equipos de alto rendimiento no solo comparten objetivos.
También comparten responsabilidad por ayudarse mutuamente a lograrlos.
Y a veces, para que esa mentalidad se instale en la cultura del equipo, no hace falta una gran herramienta.
Hay una pregunta muy simple que puede cambiar la forma en que un equipo se relaciona:
“¿Quién necesita ayuda esta semana?”
Muchos líderes cierran las reuniones preguntando cosas como:
Son preguntas necesarias, pero mantienen el foco en el rendimiento individual.
En cambio, cuando el líder introduce esta pregunta al final de la reunión el foco pasa de:
¿Qué hemos hecho cada uno? → ¿Cómo nos ayudamos para lograrlo?
Por eso quiero compartirte un breve ritual (te llevará 5-10 minutos en la reunión semanal) para que hagas ese cambio de foco.
PASO 1 – Al final de la reunión semanal se abre una breve ronda donde cada persona puede compartir si hay algo en lo que necesita ayuda.
PASO 2 – El equipo escucha y alguien puede ofrecer apoyo si tiene el conocimiento, tiempo o experiencia.
PASO 3 – Se concretan pequeños apoyos o colaboraciones para la semana.
PASO 4 – Repite cada semana. Cuando este ritual se repite, con el tiempo, las personas piden ayuda con más naturalidad, se ofrecen entre ellos ayuda de forma espontánea y se refuerza la idea de que el éxito es colectivo.
El talento existe, seguro.
Los miembros de tu equipo son muy capaces y los recursos están.
Pero si cada talento trabaja para sí mismo y no para el conjunto, el equipo no multiplica resultados.
Y un equipo extraordinario no se construye solo con talento.
Se construye cuando ese talento decide ponerse al servicio del resultado colectivo.
Espero que estás ideas te hayan ayudado, me encantará saber tu opinión.
Gracias por leerme líder.
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